Pharasma
La Señora de las Tumbas. No promete consuelo ni castigo: promete que el ciclo se cumpla. En Iobaria eso no es teología, es mantenimiento.
Pharasma
La Señora de las Tumbas. Diosa del nacimiento, de la muerte, del destino y de la profecía: preside las dos puertas por las que se pasa una vez, y juzga a quien llega al final del camino.
Su fe no ofrece lo que ofrecen otras. No promete recompensa, no amenaza con fuego y no tiene mucho que decir sobre cómo vivir. Le importa una sola cosa, y le importa mucho: que el ciclo se cumpla. Que quien nace, nazca. Que quien muere, se quede muerto.
Lo que su fe pide de verdad
Para el creyente corriente de estas tierras, ser pharasmino no es rezar mucho. Es hacer bien tres cosas:
- Despedir al muerto. El rito importa más que la pena. Un funeral hecho deprisa y mal es una puerta que se queda abierta.
- No estorbar el paso. Alargar una vida por medios que no tocan, retener a alguien que ya se ha ido, negociar con lo que hay al otro lado: eso ofende a la Señora mucho más que cualquier pecado de los que preocupan a otras religiones.
- Y si algo vuelve, devolverlo. No por odio. Por orden.
De ahí sale el desprecio absoluto de esta fe hacia la no muerte. Un no muerto no es un enemigo: es un error. Algo que debía haber pasado por la puerta y sigue en el pasillo.
En Iobaria, y sobre todo en Kridorn
En Kridorn la costumbre pharasmina no se predica: se practica sin pensar. Se incinera el mismo día. Se descabeza cuando no hay tiempo ni leña. Nadie discute de dónde viene la costumbre, igual que nadie discute por qué se cierra la puerta de noche.
Eso hace algo curioso con su clero: su trabajo se ve poco justamente porque funciona. Una comarca entera cumpliendo los ritos parece una comarca sin problemas de muertos.
Y luego están los que se ocupan de la parte que no sale en los sermones: gente como Mila Drov, que no es sacerdotisa pero trabaja para los suyos y se asegura de que el ciclo no se altere, o Zvena Ilyeva, que va a las casas del barrio viejo a que las piras se hagan bien mientras el barrio viejo tiene necrófagos.
Los otros dioses te piden que seas bueno. La Señora te pide que seas ordenado. En un sitio como este, lo segundo salva más vidas.